La década del 70 venía intensamente vivida por Todos y Todas (diría hoy la Cristi). Yo tuve el regalo de haberla vivido, no me la contaron: ¡la viví!
Descubrí la belleza de los encuentros humanos, el entramado social, el poder del compartir y también intenté hacer realidad mi vocación profesional y social. El mundo universitario abrió mi mente y entendimiento a un nuevo nivel.
La Psicología era mi elección. Era el cuarto año en la Universidad del Salvador pero me inscribía en el Tercer año pues el primero había sido todo entero de Curso de Ingreso. Me gustaba Teología y en realidad, estaba cursando Psicología porque quise inscribirme en Filosofía de la UBA y mamá puso el grito en el cielo. No pude sostener defensa alguna pues a cada rato había corridas y desaparecidos y nunca clases. Quizás, sin saberlo, de esta manera mamá me había salvado la vida.
Entonces se me había ocurrido entrar en el CONSUDEC y seguir el Profesorado de Ciencias de la Educación; pero fue peor pues ERA UN NIVEL TERCIARIO Y NO ERA UNIVERSITARIO! Eso NO LO IBAN A PERMITIR! Uf, qué fiasco!
Pensar que ahora no soy nada pues abandoné todo y no pude completarlo.
Tengo el mejor título que llena de orgullo mi corazón y el alma. Soy de la última promoción.
SOY MAESTRA!
Eso, ya venía conmigo...
En la Congregación de las AZules se iniciaba una experiencia de noviciado en el chalet de la provincia de Córdoba, Capital. cerca del Río Primero y el parque Las Heras.
Eramos un grupete de 5 o 6 con Soeur María Inés como Madre Maestra. La experiencia implicaba una realidad de autosostén y me ofrecían un cargo de maestra en el Integral Nuestra Señora para ya! Si iba a ser parte del grupo de postulantes novicias, debía partir inmediatamente para hacerme cargo del puesto.
Había votado a Cámpora. Faltaba votar a Perón. El tío ya lo traía a Gaspar Campos. faltaban las elecciones.
Es el único cuadradito de mi antigua libreta DNI que tiene un sello de JUSTIFICADO...
Ese día, aprendía bailar cuarteto en las calles de Córdoba Ciudad con los negrazones que nos sacaban mientras paseábamos celebrando por todo el barrio, las plazas y las calles. Este era el Pueblo. Me reconocí parte de mi pueblo. Pertenecía.
La experiencia más profunda de mi vida docente, la tuve en Córdoba, ese año como maestra de Séptimo grado, con áreas de Matemática y Ciencias en 6to grado.
También descubrí que no era necesario ser monja para comprometerse con lo social y que la vida religiosa es una calle paralela con mucho de obedecer para no pertenecer del todo y eso no me gustaba. Cristo se encarnó hasta la muerte, según el mismo mensaje que da origen a la vida religiosa que no se terminó de encarnar!
Comprometida con mi compromiso de ser sostén y el aula que había gestado, más que nada con mis alumnos, llegué al final del año, me despedí y regresé...
Mamá contenta. Eso me pedía en cada carta.
Igual, siempre pensé que ... ME DIO EL CUERO a mí también!
Descubrí la belleza de los encuentros humanos, el entramado social, el poder del compartir y también intenté hacer realidad mi vocación profesional y social. El mundo universitario abrió mi mente y entendimiento a un nuevo nivel.
La Psicología era mi elección. Era el cuarto año en la Universidad del Salvador pero me inscribía en el Tercer año pues el primero había sido todo entero de Curso de Ingreso. Me gustaba Teología y en realidad, estaba cursando Psicología porque quise inscribirme en Filosofía de la UBA y mamá puso el grito en el cielo. No pude sostener defensa alguna pues a cada rato había corridas y desaparecidos y nunca clases. Quizás, sin saberlo, de esta manera mamá me había salvado la vida.
Entonces se me había ocurrido entrar en el CONSUDEC y seguir el Profesorado de Ciencias de la Educación; pero fue peor pues ERA UN NIVEL TERCIARIO Y NO ERA UNIVERSITARIO! Eso NO LO IBAN A PERMITIR! Uf, qué fiasco!
Pensar que ahora no soy nada pues abandoné todo y no pude completarlo.
Tengo el mejor título que llena de orgullo mi corazón y el alma. Soy de la última promoción.
SOY MAESTRA!
Eso, ya venía conmigo...
En la Congregación de las AZules se iniciaba una experiencia de noviciado en el chalet de la provincia de Córdoba, Capital. cerca del Río Primero y el parque Las Heras.
Eramos un grupete de 5 o 6 con Soeur María Inés como Madre Maestra. La experiencia implicaba una realidad de autosostén y me ofrecían un cargo de maestra en el Integral Nuestra Señora para ya! Si iba a ser parte del grupo de postulantes novicias, debía partir inmediatamente para hacerme cargo del puesto.
Había votado a Cámpora. Faltaba votar a Perón. El tío ya lo traía a Gaspar Campos. faltaban las elecciones.
Es el único cuadradito de mi antigua libreta DNI que tiene un sello de JUSTIFICADO...
Ese día, aprendía bailar cuarteto en las calles de Córdoba Ciudad con los negrazones que nos sacaban mientras paseábamos celebrando por todo el barrio, las plazas y las calles. Este era el Pueblo. Me reconocí parte de mi pueblo. Pertenecía.
La experiencia más profunda de mi vida docente, la tuve en Córdoba, ese año como maestra de Séptimo grado, con áreas de Matemática y Ciencias en 6to grado.
También descubrí que no era necesario ser monja para comprometerse con lo social y que la vida religiosa es una calle paralela con mucho de obedecer para no pertenecer del todo y eso no me gustaba. Cristo se encarnó hasta la muerte, según el mismo mensaje que da origen a la vida religiosa que no se terminó de encarnar!
Comprometida con mi compromiso de ser sostén y el aula que había gestado, más que nada con mis alumnos, llegué al final del año, me despedí y regresé...
Mamá contenta. Eso me pedía en cada carta.
Igual, siempre pensé que ... ME DIO EL CUERO a mí también!
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