Ya no estaban encima de mí. Podía moverme, pensar y hacer, investigar cuando no se daban cuenta. En cierta forma, mi hermano hacía posible mi libertad. Sólo me paralizaba cuando se daban cuenta que estaba y siempre recibía gritos y retos por mis ocurrencias.
Con los juguetes parecía ser más seguro, me los administraban pero... al final, ya no eran para mí pues aparecía mi hermanito y se los tenía que dejar poque "era más chiquito" y estaba enfermo, a ver si otra vez se ahogaba.
Cuando creció intenté muchas veces recuperar lo que perdía, pero siempre, gritando y llorando, me culpaban de lastimarlo o provocarlo y si discutía defendiendo mi derecho, terminaba "cobrando". Mamá se sacaba, el griterío atraía a toda la familia. Venía la abuela a ver qué sucedía, terminaba gritándole a la hija, el tío también aparecía y se armaba entre hermanos, Aída con José gritando, la abuela Ángela refunfuñando y Quique, mi hermano y yo, llorando... Papá nunca estaba.
Aparecía el abuelo. A veces ponía a cada uno en su lugar con unos gritos certeros. Otras veía que era tal el momento generado que me abrazaba y me sacaba del entuerto... Nos íbamos al sillón de su casa y me hablaba:
-"Vos sos más grande, tenés que comprender a tu hermanito que es chiquito, abuelito los quiere mucho y no los quiere ver pelear, ahora están todos peleando, pero ya se les va a pasar. No llorés, Abuelito te quiere. Vení que te lavamos la cara y ya está."
-"Vos sos más grande, tenés que comprender a tu hermanito que es chiquito, abuelito los quiere mucho y no los quiere ver pelear, ahora están todos peleando, pero ya se les va a pasar. No llorés, Abuelito te quiere. Vení que te lavamos la cara y ya está."
...Había perdido todo o lo había ganado... Nunca lo pude saber!
Recuerdo las caricias de mi abuelo en el sillón del comedor mientras mirábamos la TV cuadrada en blanco y negro, con el elevador de tensión debajo, amarillito y con la perilla para subir o bajar la tensión.
Recuerdo las caricias de mi abuelo en el sillón del comedor mientras mirábamos la TV cuadrada en blanco y negro, con el elevador de tensión debajo, amarillito y con la perilla para subir o bajar la tensión.
Ya no había gritos.
Mi hermanito se había quedado con mamá en mi casa. Yo estaba arriba, con los abuelos. El tío en su oficina. La abuela, en su cocina. Pronto habría algo rico de comer. Si era con masa, seguro que iba a poder ayudarla y aprender o jugar. Me hacía masa de agua para jugar en la tabla o en banquito grande de madera. Jugaba a ser La Petrona en la TV. Juanita era imaginaria.
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